Nadie se aburre en la playa, pero la tarde del jueves tenía algo raro. Me di un par de vueltas por la casa y no veía ánimos de nadie, algunos dormían y otros veían televisión. Yo no sabía muy bien qué hacer pero de algo estaba seguro...no había ido hasta allá para dormir por la tarde ni para ver televisión, entonces tomé mis audífonos y salí a caminar sin rumbo.
Mientra caminaba sentía que la gente me miraba extraño, pienso que quizá era porque todos vestían prendas veraniegas y con onda playera y yo no, como siempre usaba unos jeans oscuros, una polera negra y encima llevaba un poleron negro...muy normal para mi pero aparentemente para ellos no tanto.
De tanto caminar llegué a una playa (no pregunten cuál porque realmente no tengo idea) y me puse a caminar por la arena con un poco de dificultad, al cabo de un par de minutos decidí seguir caminando pero por la arena mojada, era mucho más fácil así y además se sentía mucho mejor. En eso me saqué los audífonos y me deleité con el hermoso sonido que producen las olas, siempre atento a que no me fuese a alcanzar una porque sentía que había mucho viento y la magnitud de las olas a ratos era impredecible.Caminé mucho, y mientras tanto claro pensaba en un montón de cosas que no sé por qué pensaba. Cuando me dispuse a regresar lo hice por el mismo camino...me agradaba mucho esa situación. Seguí caminando y me fijé en las huellas que yo mismo había dejado antes y me parecieron muy interesantes, las miré con atención y a la vez veía cómo algunas ya se borraban con el paso del agua sobre ellas. Pensé incluso en fotografiarlas pero no lo hice. Entre mirar y mirar huellas me volteé y me di cuenta de que una chica me miraba a la distancia, ella estaba sentada en la arena haciendo no sé qué, no le di mayor importancia y seguí con mi camino pero de pronto sentí mis pies muy fríos, miré inmediatamente hacia abajo y ya era demasiado tarde. Había recibido un ataque directo de la naturaleza, me azotó una ola y cuando me vine a dar cuenta el agua me llegaba hasta un poco más arriba de mis rodillas. Me apresuré en salir del agua y cuando ya estuve seguro en arena seca miré otra vez a la chica que me miraba antes y como era de esperarse seguía mirando pero esta vez se reía.
Me sentí la verdad bastante inútil, no servía ni para caminar cerca del mar... pero extrañamente no sentía vergüenza por lo que me había pasado a pesar de que bastantes personas me vieron y rieron. En vano comencé a sacudirme y fue entonces cuando escuché un "¡Hey!", me doy vuelta y era ella, la chica sentada en la arena. Caminé hacia ella y cuando ya estuve cerca me dijo "Toma, usa la toalla". Recibí bastante bien su ayuda, me senté a un lado de ella y empecé a sacudirme la arena mojada, entablamos una conversación que más bien fue una presentación de cordialidad a la que agregó que me veía muy interesante caminando por ahí hasta que me mojé entero. Me reí un poco y seguí sacudiéndome y secando mis piernas. No estuve mucho tiempo ahí porque a decir verdad la presencia de esta chica me incomodaba un poco sin razón, era muy agradable y simpática. Descubrí que se llama Susana, que vive en Santiago y que estaba allá de vacaciones, cumplía en marzo 18 años y pasó a cuarto medio, no es mucha información pero la verdad yo no requería más tampoco. Le agradecí mucho su ayuda y me despedí de ella porque la hora me jugaba en contra, debía regresar antes que mi hermano despertara porque le había prometido que cuando lo hiciera lo acompañaría a una feria artesanal y ya se hacía bastante tarde.
Me fui a casa con las zapatillas y los pantalones mojados pensando todo el camino en lo inútil que soy y en lo amable que fue Susana. Cuando llegué a casa descubrí que mi hermano ya se había ido a la feria con mi primo y ya no quedaba nadie en casa, me duché y seguí pensando en lo que me había pasado aquel día y en otras cosas...pensando y pensando, quizá ese día pensé en todo lo que he dejado de pensar a lo largo de mi vida. No soy un buen pensador.



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