Piénsenlo de esta forma; si inspeccionamos al interior del cubito de hielo y descubrimos que dentro hay un corazón, y luego agregamos también que las fuentes de calor son proporcionadas por entes que de cierta forma le tiene cariño a dicho cubito, más temprano que tarde el hielo que cubre al corazón se derretirá y junto a él, se irá la frialdad que se generó aquel día donde, por un descuido, el refrigerador se quedó abierto. Y aunque no todo sea tan fácil para un corazón que vivió congelado durante tanto tiempo, supongo que una tarde de verano con el calor apropiado sería más agradable que una tarde de lluvia.



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